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19 DE AGOSTO DE 2020

19 DE AGOSTO DE 2020
22:30 h.
CASTIELLO DE JACA
Iglesia

Hemos debido cancelar este concierto debido al accidente sufrido por nuestro
compañero José Ignacio Fernández.


CANTAR SOLA
Voces de mujer en el Cancionero Musical de Palacio

I.- HAY PLAZERES, HAY PESARES

Pavana y gallarda sobre Gentil hombre enamorado Anónimo

A los baños del amor Anónimo

So el enzina, enzina de Juan del Encina (atrib)

 

II.- HAY MIL DOLORES

Son sobre Yo me soy la reina viuda Anónimo

De ser malcasada de Diego Fernández

Son sobre El bien qu’estuve esperando de Sant Juan

No quiero ser monja, no Anónimo

 

III.- MUY GRAN BIEN SI DÉL GOZARES

Son de cítara sobre Al alba venid, buen amigo Anónimo

Llueve menudico Anónimo

Glosas sobre Si d’amor pena sentís Anónimo

No pueden dormir mis ojos de Pedro Escobar

 

IV.- AUNQUE VIDA SE CATIVE

Fonte frida, fonte frida Anónimo

Aquel gentilhombre, madre Anónimo

Pavana y gallarda sobre O voy de Juan Román

A sombra de mis cabellos de Jacobus de Milarte

Meu naranjedo con ten fruta Anónimo

 

 

AQUEL TROVAR

Delia Agúndez, canto

Antonio Torralba, flautas

José Ignacio Fernández, cítara y guitarra renacentistas

Daniel Sáez Conde, rabel bajo

 

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CANTAR SOLA

Voces de mujer en el Cancionero Musical de Palacio

 

La voz femenina en las músicas medievales y renacentistas nos ha llegado plagada de silencios e interferencias. Parece ser más lo que se oculta que lo que se muestra. Bien es cierto que sabemos de la existencia documentada de trobairitz (las trovadoras occitanas del siglo XIII) y joglaresse. Y que los documentos y la iconografía nos muestran soldaderas, danzaderas y cantaderas que muchas veces se ganan la vida como Tarsiana, la inolvidable juglaresa del Libro de Apolonio. Numerosas miniaturas representan a mujeres artistas danzando, o acompañándose de instrumentos; sabemos también que, en el ámbito de la lírica galaicoportuguesa, las cantaderas tuvieron un papel muy importante en la interpretación musical. Y no podemos olvidar las vivas y encantadoras pinturas que de ellas nos da el Arcipreste de Hita. Muchos de los cantares que el Arcipreste nos anima a aprender de las mujeres músicas (el cantar que non sabes, óylo a cantaderas) eran las cantigas de amigo, las canciones en las que una muchacha se lamenta por la ausencia del amado.

Pero es mucho también lo que ignoramos, especialmente porque, al no constar la autoría femenina de la inmensa mayoría de esas cancioncillas que adoptan la voz de una mujer, se abren puertas a la especulación. Las hipótesis que se contemplan van desde una autoría completamente masculina (el poeta adoptaría una especie de falsete emocional) hasta la que defiende que, tras cada nombre masculino o tras cada anonimato, se esconde la figura real de una autora mujer. En medio, la tercera hipótesis: la idea de que un autor hombre oyó -y reprodujo o recreó- un cantar femenino: el cantar que non sabes…

Al llegar las centurias del Renacimiento (época a la que se consagra este programa) parece continuar la tradición de las diferentes tipologías de canciones en boca de mujer. Y también las conservadas, en su rica variedad, parecen pertenecer a los dos mundos que, a veces, los azarosos avatares de la transmisión nos presentan confundidos o con límites difusos: el noble del amor cortés y el más popular, henchido de juglaría, de las mujeres y los hombres que se levantan cada mañana pensando en la supervivencia. Son los dos mundos que retrata Fernando de Rojas en La Celestina (de cuyo texto toma este programa su título) y que vemos por doquier a través de las ventanas que fuentes como el Cancionero Musical de Palacio nos abren a los Siglos de Oro

 

AQUEL TROVAR


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